Pensar el pensar y los pensares 1
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¿Qué es lo que me lleva a pensar sobre el pensar? Tengo varias respuestas y todas ciertas e incompletas. También he diseñado e impartido un curso que se llama “Pensar Mejor”, así que vengo muy influido por su contenido. Me preocupa lo poco y mal que se piensa en las organizaciones o en algunos colectivos que se entregan a “lo que dice la máquina o estaba en internet”, entre los que hay muchos jóvenes y también muchos expertos. Pero también me preocupa, lo comenté de pasada en una de las entradas, que el tiempo de lectura no me deje tiempo para pensar. Siempre puedo correr el riesgo de “inventar la rueda”, pero no quiero que mi pensamiento desaparezca de mi producción. También creo que he comentado la cantidad de libros que tienen el “síndrome de Google”; citas y más citas sin una aportación de la opinión del autor. Creo que he leído algunos experimentos, al menos, en cinco libros distintos. No me importa si es para hacer una nueva aportación, pero si es para quedarse en mismo sitio me molesta mucho. Así que de estas preocupaciones viene la pregunta: “¿Cómo estamos pensando?” No sólo cómo piensa el cerebro, si no cuáles son nuestros hábitos de pensamiento. Cuando pregunto a algún ejecutivo cuánto tiempo invierte al día pensando, no sabe qué contestar. Alguno me dice que es capaz de hacer cosas  y tomar decisiones. “Soy multi task”. Y trato de evitar poner la cara de “eso no te lo crees ni tú”, pero no lo consigo del todo. Existen métodos para pensar y lograr mejores resultados que los actuales (ya sé que no es difícil) y de ellos hablaremos en la siguiente entrada. Para terminar quería señalar algunos enemigos del pensamiento. Creo que el peor de ellos es tener prisa. Con prisas pensamos peor, ponemos “el piloto automático” y a confiar en que no pase nada especial que nos sorprenda. Las prisas son nefastas para mirar alrededor y ayudar a los otros. Así también perjudican el trabajo y el pensamiento en grupo. En este blog se ha hablado de los sesgos que nos provocan errores de percepción y, casi seguro de juicio. Y “por supuesto” las suposiciones que nos impiden cuestionar lo obvio, que es un “sitio” muy interesante de visitar cuando estamos pensando. La falta de sueño también tiene consecuencias nefastas sobre el pensamiento. Para acabar con un poco de humor recuerdo muchas veces un profesor de matemáticas que tuvieron mis hijos y que con una frase “cervantina” les decía: “Don Pensé que y don Creí que son hijos de don Tonte que”. Pues eso.

Fuente: Sergio Cardona Herrero ¨Pensar el pensar y los pensares 1¨

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