Desde 2003, la división de energías renovables de la consultora Ernst & Young elabora un ranking de países ordenados por su atractivo para inversiones en renovables y biocombustibles. España ocupa un lugar preminente en casi todas las categorías, cuya urgencia por inversión verde se ha acrecentado debido a los objetivos europeos de reducción de emisiones. También se destacan las aún jugosas primas en el país como importante aliciente para posibles inversores.

El Índice General de Renovables es muy amplio y comprende otros índices, el de energía eólica (75%, dividido a su vez en perspectivas a corto y largo plazo), solar (10%) y biomasa y otros (15%). Posiblmente el viento tenga una ponderación mayor que la energía solar y biocombustibles por una rentabilidad superior o por unas barreras de acceso al sector más altas.

El índice de Biocombustibles es la suma de los índices de infraestructuras (35%) y el específico de combustibles (65%).

  • A su vez, el índice de infraestructuras se descompone en riesgos regulatorios (29%), infraestructura de soporte (42%) y acceso a financiación (29%).
  • Y el índice específico de combustibles se descompone en incentivos ofrecidos (25%), clima fiscal (8%), financiación concesional (8%), envergadura de los proyectos en curso (8%), potencial de crecimiento del mercado interno (15%), potencial de exportación (15%) y disponibilidad de ínsumos de producción (10%).

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España figura en cuarto lugar en el índice general de renovables por detrás de Estados Unidos, Alemania e India, siendo la mejor valorada en cuanto a infraestructuras. En las perspectivas de viento a corto plazo aparece en cuarto lugar por detrás de Estados Unidos, India y Alemania, y en el largo plazo en sexto lugar, adelantada por Reino Unido y China. En los índices de biocombustibles, etanol y biodiesel también aparece en un relevante quinto lugar.

Ahora más que nunca estamos inmersos en  debates sobre los problemas endémicos de nuestra economía: Por un lado, sobre el modelo energético español y nuestro déficit eléctrico (España importa gran cantidad de energía eléctrica), y por otro sobre el modelo estructural económico y el inmenso déficit exportador. Conviene replantearse si la solución a ambos problemas no está al alcance de la mano; un sector con alto valor añadido, con una considerable demanda interna y externa, que crea empleo e imagen internacional de un país avanzado tecnológicamente, y que aun requiriendo altas inversiones es una apuesta sólida por el largo plazo. Un sector en el que España está en cabeza, y en el que aún puede aspirar a más.

Es significativo el desplazamiento del negocio de algunas de las principales empresas españolas desde la construcción hacia las energías renovables. Dicho cambio de enfoque estratégico se produjo incluso antes de la crisis mundial inmobiliaria. ACS, por ejemplo, está desinvirtiendo en sus activos menos estratégicos para hacerse con la mayoría accionarial en Iberdrola, la primera empresa de energía eólica del mundo. Acciona, ya antes de la compra de la eléctrica Endesa, tenía una fuerte presencia en energías renovables, aunque su core business fuera inicialmente el ladrillo. La empresa de construcción y servicios FCC también ha entrado recientemente en el negocio con la compra de activos verdes de la empresa australiana de renovables Babcock & Brown.

Para más información puede ir a la página de Ernest & Young que contiene dichos índices.

Renewable Energy Country Atractiveness Index 3Q 2007

Actualización 1Q 2008

Por Alberto López Correa.