Delegación y cerebro

En España se comienzan o escuchar voces sobre la necesidad de racionalizar los horarios. Poco a poco muchas personas comienzan a cuestionarse eso que llaman «media jornada»: «de nueve a nueve». Doce horas para el cuerpo. A veces envuelto en una actitud de hiperresponsabilidad, otras veces por el miedo a que el otro falle… el caso es que delegar cuesta mucho. En mi experiencia como coach me encuentro con personas que fingen una salud de hierro, pero que en las sesiones «confiesan» que arrastran cansancio crónico, pena por no estar más con su pareja, más pena por no tener pareja, dolor por no estar más con los hijos… Un sufrimiento que parecería fuera de lugar en un lugar de trabajo, pero que es bastante frecuente.  Muchas veces se comenta sobre la dificultad de delegar. Me molesta bastante cuando el profesional no tiene en quien delegar y tiene una carga de trabajo permanente y excesiva y su jefe le dice aquello tan molesto de «organízate mejor».  Suponiendo que la delegación fuera la solución en un país como España que tiene cinco millones de desempleados podemos hacer una reflexión sobre delegación y cerebro. Como coach creo que me encuentro con que las personas de dominancia izquierda tienen más dificultades para delegar. Sus dos lenguajes cerebrales: datos y procesos, no se lo ponen fácil. El que delega pierde, a veces, el control inmediato de los datos y el proceso en un momento determinado. Si delego es para obtener iguales o mejores resultados y, además, el desarrollo profesional de la persona en la que delego. Esa persona tiene que recibir una autoridad, un poder, si se prefiere, para ejercer la delegación. Una delegación sin margen de maniobra no es una delegación, es una orden. El hemisferio izquierdo maneja datos y procesos, «baja hasta la última coma» y no le gustan mucho las sorpresas. Se resiste a delegar. El hemisferio derecho es más «despistado». Delega de manera más caótica y deja más margen de libertad, lo que es bueno para el delegado. Admite que pueden obtenerse resultados buenos con métodos distintos. Le es más sencillo delegar y experimentar esa pérdida de control que puede tenerse en la delegación. Por cierto que uno puede delegar sobre sí mismo cuando decide posponer una tarea, hacerla de otra manera o,si es posible, eliminarla. No creo que la delegación sea la única solución para los horarios laborales extendidos que tenemos, pero es una forma de repartir el trabajo.

Fuente: Sergio Cardona Herrero¨http://neurogestion.blogspot.com/2016/03/delegacion-y-cerebro.html¨

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Alberto López (492 Artículos)

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