Cerebro y problemas
Comenzamos una acción en una empresa y queremos que identifiquen problemas que tienen. Derivados de la razón que sea. Falta de medios, de información, cansancio… A casi nadie le agrada reconocer que hay problemas. Existe un refrán que dice: «Arda la casa, no salga humo». Tremendo. Es posible que no nos guste identificar problemas porque cabe la posibilidad alta de que formemos parte de sus causas. Estos días me aburro de escuchar a los políticos decir: «O formas parte del problema o formas parte de la solución». Ya no distinguen entre hablar y manipular. Perdón que me desvío del tema. Como han señalado muchos autores: «Por que formas parte del problema, formas parte de la solución». Mucho más lógico. Mejor buscar soluciones que encontrar falsos culpables.
Además de todas estas razones supongo que el cerebro añade parte de su cosecha. Alguien definió un problema (es verano y estoy un poco vago para buscar la fuente, pero era alguien de calidad total) como «un resultado que no se espera». Da igual que sea peor o mejor de lo esperado, lo que significa es que no ha estado bajo control el proceso. Nuestro cerebro está constantemente haciendo predicciones: desde cómo poner el pie para no lesionarnos, hasta cómo reaccionará ese amigo al que le pedimos dinero. Y no le gustan los problemas, confundirse es problemático, nos puede costar caro.
Para ayudar al cerebro aparecen dos sesgos de percepción de los que ya hemos hablado aquí: el de confirmación y el pensamiento ilusorio («wishful thinking»). Percibimos con más intensidad aquellos hechos que coinciden con nuestras creencias y que nos «demuestran» que no nos hemos confundido. Eso hace que me crea más listo de lo que soy; me halaga. El segundo sesgo lo que hace es la interpretación más benigna (¿ilusa?) de algo que ha sucedido. Si alguien me dice algo que no me gusta, puedo pensar que está cansado o que no quiere decir eso… Si mi hijo saca un dos en un examen y en la siguiente convocatoria saca un cuatro, puedo pensar que va mejorando o que casi aprueba.
En esto de localizar problemas es posible que el cerebro colabore con reticencias.
¿Qué podemos hacer? Como dicen Dan y Chip Heath en «Decídete» (esta vez sí me he acordado) podemos nombrar, en nuestro cerebro, un «abogado del diablo» que trate de demostrar que estamos confundidos. O practicar el «Y si…». Y si resulta que la otra versión es cierta y estoy confundido. Pues eso, que tenemos un problema, pero, al menos lo sabemos.
Besos y abrazos.

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Alberto López (479 Artículos)

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