Mas allá de la razón ¿o no?

Mas alla de la razonTodo comenzó en una terraza, en el madrileño barrio de Salamanca. Fue hace sólo unos meses. Tuve el enorme placer de reencontrarme con alguien muy grande. Su nombre es Carlos Herreros. Una de esas personas que la vida te regala para disfrutar. Un maestro en la sombra. Un puñado de generosidad y sabiduría. Tuvimos una bonita conversación sobre la vida, el coaching, los apegos, el ego…Una conversación de las que no surgen todos los días.

Cuando nos despedimos, me quedé con una bonita sensación y unas cuantas preguntas en batería. Mi primera y gran pregunta fue: ¿Para qué había aparecido Carlos en este momento de mi vida? ¿Que estaba yo necesitando aprender?

Dice la sabiduría ancestral, que las personas que aparecen en tu vida son las personas “correctas”. Nadie llega a nuestra encuentro por casualidad. Todas las personas que interactúan con nosotros están allí por algo y para algo. Son las que necesitas encontrarte para crecer y seguir avanzando. Aquí y ahora.

Mi segunda y gran reflexión, ¿para qué ahora? Parece que cuando estamos preparados para que algo nuevo comience en nuestras vidas, es allí cuando comenzará. Las cosas comienzan en el momento correcto…

Entonces, mi siguiente pregunta fue ¿qué puerta comienza a abrirse?

Llevo muchos años haciéndome preguntas y haciendo preguntas a otros. Saber hacer preguntas es uno de los fundamentos del coaching. De la vida, supongo. Al menos de la mía. Las preguntas son una puerta al diálogo. Conmigo y con el otro. Con la vida. Abren la caja de las posibilidades. Inician un camino de exploración. De aventura hacia lo desconocido. Quizá te abran nuevas puertas. Quizá te cierren otras.

Inevitablemente, en ese juego de preguntas y respuestas que es la vida, siempre llega otra. Y otra más. En ese momento me permito sentir. Sentirme y preguntarme ¿ estoy preparado para continuar?

Caminaba con mis preguntas, aún sin responder, hacia mi siguiente sesión de coaching.
No podía dejar de pensar en el, nada casual, encuentro con Carlos. Mientras lo hacía, me puse a ojear unas notas que me había regalado. Su autora, Linda Aspey, facilitadora y coach.

¡Qué curioso! En esas notas se hablaba de las preguntas…

Evidentemente la señal era obvia y decidí continuar leyendo. Me quedé embobada en su lectura durante un buen rato. Hoy quiero compartir algunas declaraciones que a mí me sirvieron para avanzar. Ojalá a tí te sirvan también.

Ahí van.

“Estamos entrenados para preguntar. Razón por la que a veces se convierte en un hábito. Siempre que hacemos una pregunta, ésta tiene el potencial de influir en el cliente. A veces nos sentimos presionados por el cliente para que las hagamos ; o las utilizamos como una forma de gestionar nuestras ansiedades por estar sentados “sin hacer nada”. Pudiéramos utilizarlas para mostrar empatía, atención, interés, supremacía, conocimiento e incluso para competir. Puede ser cierto pero no creo que necesitemos bombardear a nuestros clientes con preguntas”.

Me quedé durante un buen rato reflexionando sobre esta cuestión nada banal. O al menos para mí. Recordé mis últimos procesos de coaching. Y me dispuse a indagar.
¿Cuando fue la última vez que sentí que hice una “pregunta poderosa” ( como decimos los coaches) a un cliente?¿Había algo que yo esperaba conseguir? , ¿ para que fue?, ¿ para ayudarle a identificar una fortaleza?, ¿una creencia limitante?, ¿para probar una intuición que yo misma tenía?,¿para hacer algún tipo de sugerencia?, ¿para cuestionar su pensamiento?, ¿ constatar su emoción? , ¿ acompañarle en el camino?

Seguro, queridos coaches, que ya habéis pasado por aquí unas cuantas veces. Yo también pasé alguna vez. La única diferencia es que, en esta ocasión, decidí quedarme.
Hoy comparto un nuevo aprendizaje. Mi aprendizaje. Con humildad.

Ahora sé, que he elegido seguirme preguntando cada día. Y que mis preguntas son distintas a las de ayer. Más de propósito. Más profundas. Más de “verdad”. Y eso está bien para mí. Quiero que las preguntas formen parte de mi vida. De la profesión que he elegido tener. Me ayudan a caminar. Me abren espacios de vulnerabilidad. Sin ellas, crecer no sería posible.

Ahora sé que no quiero hacer preguntas a otros que antes no me haya hecho yo. Que cada sesión, cada coachee, me permita verme reflejada en un espejo. Que cada día quiero renovar el compromiso de seguir creciendo. De seguir avanzando.

También he aprendido lo mágico de escuchar lo que el cliente dice y lo que no. Lo que siente y lo que no se está permitiendo sentir. Lo que observo en su cuerpo y lo que no. Lo poderoso de generar juntos un entorno de confianza. Donde no haya nada que esperar y a la vez todo sea posible. Donde no haya nada que esté bien o que esté mal.

Dónde, como dice Linda, “me base más en mi presencia que en mis preguntas, me desprenda de mi necesidad de evaluar, analizar, intepretar, buscar temas o proporcionarles los momentos de ajá”.

He aprendido que amarme a mí misma me permite amar al otro. Que los coaches somos esenciales para el proceso aunque irrelevantes para el resultado. Que la vida, más allá de la razón puede ser apasionante.

Por Silvia Escribano.

Fuente ISAVIA.COM

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Alberto López (432 Artículos)

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