5 millones de parados…y seguimos engañándonos a los “chinos”

Este mes de Noviembre la sociedad española va a estar brutalmente impactada por una cifra escandalosa que no debe dejar ya a nadie indiferente: España cuenta con 5 millones de parados. No existe solución posible a ninguno de los problemas que nos acechan sin enderezar esta cifra. En esta segunda entrega de “El camino hacia una nueva reindustrialización” voy a seguir haciendo hincapié en aspectos que puedan incidir en una nueva competitividad para los productos que deben llenar de nuevo nuestras factorías.

Photographer: Collin Stéphane

Cinco millones de parados es una cifra más que respetable, es también una vergüenza social que nos implica a todos en sus causas y en la búsqueda de soluciones. Sin trabajo, sin esfuerzo no hay riqueza posible  y con una tasa de paro del 21,52% es imposible generarla. Formulado de otro modo: es imposible salir de la crisis si el 21,52% de nuestra población laboral no contribuye al esfuerzo colectivo de generación de riqueza. Para ellos es básico que volvamos a poner de nuevo las fábricas en funcionamiento llenándolas de operarios.

Hemos creído que nuestro futuro pasa por crear negocios y empleos con alto valor añadido; en base a ello, nos hemos enzarzado en una “revolución industrial” artificiosa que sacaba de nuestras fábricas todo producto sospechoso de ser banal, cotidiano y poco tecnológico para deslocalizarlo productivamente en China. Políticos, empresarios y consumidores (especialmente consumidores) somos los causantes de una limpieza étnica productiva que ha esquilmado el país de fábricas y operarios.

Hemos fomentando una sociedad que facilita al máximo la adquisición de los productos y servicios a sus integrantes; para ello nos hemos sumido en la dictadura del coste y el bajo precio. A la búsqueda de precio hemos trasladado nuestras producciones a Asia y con ello se ha ido nuestra economía de escala, conocimiento tecnológico y por supuesto nuestros puestos de trabajo.

Solo nos quedan las marcas, pero la mayoría de ellas han dejado de representar los valores de la sociedad donde están ubicadas, valores que formaban una defensa de conocimiento que hacía difícil la competencia en occidente de productos asiáticos. Las marcas perdieron su valor en el momento que dejaron de gestionar proactivamente su portafolio de productos, para construirlos de forma reactiva a la oferta de los productores asiáticos.

A la búsqueda de coste nos hemos quedado sin margen de beneficio, creímos que inundando el mercado de productos de bajo coste haríamos entrar a la economía en una espiral de velocidad y riqueza.

Al principio fue así y nuestra sociedad vivió un periodo de enorme “progreso”, nuestro nivel de vida en base al consumo aumentó sustancialmente, cada una de nuestras necesidades estaba cubierta por un producto (o dos), incluso cuando este se estropeaba dejamos de repararlo. En comparación a nuestros padres la compra de electrodomésticos y bienes de consumo pasó a ser cotidiana y sin necesidad de planificación.

Nuestra espiral  de consumo ha ido frenándose en la medida que las fábricas que anteriormente producían estos bienes cerraban por su incapacidad de competir y ahí han empezado todos nuestros problemas; produciéndose una dramática paradoja: a más cierres, más paro y a mayor paro, menor riqueza para adquirir productos.

A la búsqueda de coste nos hemos quedado sin margen de beneficio, creímos que inundando el mercado de productos de bajo coste haríamos entrar a la economía en una espiral de velocidad y riqueza.

Hoy, independientemente de que los bienes de consumo sean muy económicos, ya no podemos consumir, no tenemos riqueza porque no tenemos un empleo que nos permita trabajar e ingresar un sueldo; empleo que perdimos como consecuencia de poder comprar bienes de consumo a bajo coste. No es una cuestión de crisis financiera ni de burbuja inmobiliaria, es una cuestión de trabajar para generar riqueza.

En la última Cumbre Europea de Jefes de Estado se ha aprobado un paquete de 100.000 millones de euros de recapitalización que se cubrirá principalmente con inversores privados, especialmente de China. Esta es la última consecuencia de las deslocalizaciones: hemos deslocalizado nuestra economía de escala, conocimiento tecnológico y nuestros puestos de trabajo. Ahora vemos con estupor como también hemos deslocalizado nuestra riqueza.

¿Permitirá China que reindustrialicemos nuestra sociedad? ¿Alguien cree que podremos generar suficientes puestos de trabajo de valor añadido elevado para sustituir toda la producción deslocalizada? ¿Quedaremos pinzados entre el valor añadido tecnológico de los Estados Unidos y la producción a gran escala asiática?

Seguramente existen muchas respuestas a estos interrogantes, pero hoy, viendo las consecuencias de un fenómeno que se inició deslocalizando producción y ha acabado deslocalizando riqueza, más nos valdría pagar un poco más por los productos y servicios que consumimos (aunque consumamos menos) y de este modo volver a abrir nuestras fábricas.

Por Antoni Flores.

Antoni Flores es Premio al Directivo Plus en la categoría de Pyme (2009). Ha asesorado en temas de estrategia, competitividad y diseño de modelos de negocios a empresas como Hewlett Packard, Inditex, Casals, Steelcase, Bosch Siemens, BBVA, Caja Madrid, Cortefiel, indra, Danone, Coca Cola, entre otras.

Ha colaborado además con importantes compañías como Imaginarium o Tau Cerámica en carácter de consejero asesor.

En 1990 funda Competitive Design Network (CDN, líder español en desarrollo de producto), que luego amplió su actividad a la de consultoría en innovación de productos y servicios a través de la marca Loop-Business Innovation, de la que actualmente es CEO.

Fuente: 

http://www.antoniflores.com/

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